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Ajedrez terapéutico en personas con trastorno mental grave

Ajedrez terapéutico en personas con trastorno mental grave

Ajedrez terapéutico en personas con trastorno mental grave

Un genuino ejemplo del ajedrez terapéutico del Club Magic Extremadura en el Centro Residencial de Rehabilitación Grupo 5 de Mérida (España).

Camila Colombo

«Ajedrez terapéutico en personas con trastorno mental grave»

Éste es un ejemplo de otro de los más eficaces programas del Magic Extremadura utilizando el “ajedrez teapéutico”. Se realiza el taller dos veces por semana, una hora y medía cada encuentro. Participan aproximadamente 10 personas (5 mujeres y 5 hombres). En su mayoría han asistido al taller años anteriores y conocen muy bien la dinámica del mismo. Las personas con trastornos mentales severos presentan un grado variable de deterioro de las funciones cognitivas. En el taller se benefician de un espacio de rehabilitación cognitiva a través del ajedrez, con un formato lúdico que promueva su motivación y sus vínculos sociales. El trabajo con este grupo muestra el método en un sentido muy puro y también demuestra muy claramente que los participantes no necesitan conocer las reglas del juego para beneficiarse del trabajo.

Ajedrez terapéutico

Los usuarios de estos talleres varían mucho su disponibilidad y rendimiento cognitivo, por lo que es necesario ser flexibles sobre lo planificado, estar constantemente evaluando cómo responden a la dificultad del ejercicio, así como la motivación y concentración general. Es importante estructurar el trabajo de forma progresiva (de menos a más), enfocarlo en la pedagogía del éxito, monitoreando constantemente las dificultades en el manejo de las frustraciones frente al error.

Con el Método ECAM, original de Juan Antonio Montero dentro del Club Magic Extremadura, se trabajan algunas funciones cognitivas como atención, percepción, memoria, razonamiento y funciones ejecutivas. Los participantes reconocen la necesidad de trabajar las diferentes funciones cognitivas, destacando, cómo es habitual en el resto de la población, la necesidad de trabajar principalmente la memoria, pero también explicitan que quieren mejorar su atención y concentración. En el trabajo se evidencian dificultades atencionales y perceptivas que son prioritarias al trabajar en éste grupo. Los usuarios de este taller perciben particular dificultad para reconocer los procesos cognitivos que ponen en juego y aún más dificultad para expresar cómo fue el proceso de razonamiento propio. Para trabajar las habilidades metacognitivas es oportuno guiarlos con preguntas y ejemplos para que poco a poco reconozcan cómo fue su proceso.

Los ejercicios de memoria permiten fácilmente promover habilidades metacognitivas. Uno de estos ejercicios, por ejemplo, puede ser memorizar cuatro piezas ubicadas en el tablero. Una vez que hacen ésto, se les desarma el tablero y ellos tienen que ubicar las piezas en el lugar en que las memorizaron. Cuando terminan, si se busca trabajar habilidades metacognitivas, se les pregunta cómo las memorizaron, cuáles fueron sus estrategias, si hicieron relaciones entre las piezas, si se fijaron en las coordenadas del tablero, cómo memorizaron el color de cada pieza, etc. Al plantear estas preguntas, se evidencian diversidad de estrategias y diferentes habilidades metacognitivas, ya que no todos logran identificar y expresar la estrategia que emplearon. En este sentido, es muy común obtener respuestas generales “las vi que estaban juntas”, “mire el caballo y el alfil que están acá”, “le saqué la foto”, etc.


Ajedrez terapéutico

Cuando se procura explicar cómo funcionan nuestros procesos mentales es fundamental recurrir a situaciones cotidianas. Algo que se entiende con relativa facilidad es la comparación del cerebro con un músculo y la teoría del entrenamiento físico. Los usuarios comprenden que si comenzamos a correr todos los días, es muy posible que la primera semana cueste mucho, pero que en un par de semanas esa dificultad disminuye significativamente. En este sentido es importante que logren reconocer que algunas de las dificultades que presentaban los primeros talleres, no son las mismas que presentan actualmente. Con ésta comparación se favorece y promueve la constancia en el trabajo.

Un ejemplo muy claro de la importancia de trabajar la motivación y la constancia en el trabajo se observó después de las fiestas de fin de año, fechas que por algunas semanas no asistieron al taller. Una de las usuarias, que venía con un claro progreso y mucho entusiasmo, comenzó a plantear que le costaba asistir, que tenía «pereza». Sin embargo, una vez que estaba en el taller, mantenía su buen desempeño y recuperaba su entusiasmo anterior. En este sentido fue oportuno recurrir nuevamente a la comparación del cerebro con un músculo. Al debatir con los usuarios la diferencia entre correr o incluso cocinar todos los días, con hacerlo una vez cada dos semanas, varios coincidieron que cuando algo se hace de forma constante esa “pereza” desaparece o al menos disminuye significativamente. Recurriendo a estas reflexiones durante algunas semanas, y asistiendo con mayor constancia, la usuaria actualmente reconoce un menor grado de “pereza”, lo cual requiere un autoanálisis muy interesante.

Es importante que los usuarios del taller logren reconocer sus propios avances, esto los motiva a mantener el esfuerzo y ser más constantes. Algunos logran identificar su progreso, pero muchas veces parecen pensar que sus avances son puntuales y en cierto sentido que “vuelven a empezar” en el próximo taller. Por este motivo, es necesario que cada día se haga referencia a los logros anteriores, que se realicen señalamientos sobre cosas que ahora saben que antes no sabían. Un ejemplo, en cierto sentido gratificante, se puede observar cuando, al finalizar un ejercicio y cambiar de actividad, se comienzan a colocar todas las piezas en el tablero. Al hacer esto normalmente se escuchan comentarios de “preocupación” sobre lo exigente que va a ser la actividad como “qué lío de piezas” o “son muchas, ¿no?”. Sin embargo, siempre que se dan estos comentarios, aparece la voz de un usuario, que reconoce su actividad “favorita”, y explica, de forma simplificada, que se va a preguntar dónde están los alfiles, los peones, etc.

Es muy interesante que la persona que reconoce la actividad, en cierto sentido, también está reconociendo su fortaleza. Éste participante presenta una debilidad significativa en memoria y orientación espacial, por lo que los otros ejercicios son, rápidamente, muy exigentes para él. Sin embargo, en una actividad donde se trabaja la atención, donde tiene que responder oralmente, se muestra mucho más cómodo, entusiasmado y sus logros son mucho mayores.

Con el ejemplo anterior, queda más clara la importancia de reconocer las debilidades y fortalezas de los usuarios, así como sus preferencias y estrategias para poder motivarlos y regular los ejercicios según las características del grupo.